Paseos
por Roma, 1
Como
tengo prometido a mis lectores/as, estos
citados DIALOGOS,
no serán publicados,
mientras no sean solicitados
por algunos de los
seguidores del Blog, por motivos
de prudencia,
por respeto reverencial debido a
nuestra Santa
Madre Iglesia Católica.
Quedan
incluidos, en mi ánimo personal, todos
los sectores
de diversas Instituciones y personas
que tienen algo
que decir y opinar en la materia
del posible debate a
que puede dar lugar, y quepa
la libertad de la recta intención
y fundamentada
intervención opcional.
Aunque
no es un secreto para nadie y, por tratarse
de un
tema de contenido religioso, disciplinar,
teológico, pastoral
y moral, estando en la frontera
misma de la sana
y necesaria investigación, es la
misma Iglesia la que
tiene siempre la última y
definitiva palabra; tal es mi punto de vista.
También
en el terreno de toda investigación, muy
en especial
en materias relacionadas con la Sagrada
Teología, somos cuidadosos
al máximo con la
Palabra, La Tradición, el Magisterio
y la Autoridad
del Papa, como Vicario y el Vínculo
de Unidad con
Jesucristo, Cabeza de todo el Cuerpo Místico y
Universal, que es la Iglesia,
a la que con
amor nos
adherimos, sinceramente, sin reservas, todos
los que,
humilde. alegre y libremente, deseamos ser
fieles
hijos, durante toda la vida y hasta la muerte.
(El tema será del conocimiento de todos, cuando haya lecyores/as, cuyo
interés se haga manifusto en las páginas de este Blog.)
Hecha
esta aclaración, fundamental para mí respecto
a todos
vosotros/as, y aprovechando mi estancia en
esta Capital
del Mundo, antiguo, moderno y actual,
me programé lo mejor
que pode el tiempo libre, que
me dejaba la estricta atención a los diálogos con la
Comisión Pontificia, las
visitas más atractivas para
mi y
aprovechar esta ocasión
tan maravillosa, como
tantas otras de mi vida a lo largo y ancho del Planeta.
Tres
días, callejeando en Roma, dan para mucho :
Dediqué
el primer día a pasear simplemente por
las calles antiguas de la ciudad; descubrí el encanto
de poder comer una pizza en
casi todas
las esquinas
y plazuelas con toda su variedad
y sabor; uno puede
comer mejores pizzas
en cualquier lugar del mundo,
pero las de
Roma tienen un toque especial; saben muy
diferentes
a todas las demás.
Llama
poderosamente la atención la cantidad
de
fuentes, pegadas a la pared de cualquier
punto
ciudadano, en que puedes beber el
agua fresca y limpia
que, por expreso deseo del Santo
Papa Pío X, están
sembradas con su nombre por
toda la Ciudad; digno de
gratitud; ver el monumento
sencillo, pero significativo,
de la "Loba
que vive amamantando" a los fundadores
de
Roma, los niños Rómulo y Remo”, símbolos de la
maternidad animal y la dependencia vital de los seres
humanos necesitados de amor, cualquiera sea su
origen;
Contemplar
el magnifico y grandioso monumento al
pequeño (según su estatura)
Víctor Manuel
II que con
las fuerzas liberales logró a lo largo
del siglo XIX la
Unificación de los distintos estados
del gran territorio
nacional italiano, incluído el
Estado Vaticano de Pío IX.
Dedicar
una hora a la Fontana de Trévi, con monedita
incluida, la fuente más hermosa de
Roma y
una de las
más bellas y famosas de todo el mundo, diseñada
por
León Bautista Alberti y realizada por el Papa Clemente
XII; es difícil ver, entre
las obras del barroco, una cosa
igual por su grandeza (
26 x 20 metros), el agua hecha
arte y la expresividad de
sus colosales caballos
marinos.
Visitar la Embajada española, su pintoresca
Plaza y
subir
la escalinata hasta el templo de la Santísima Trinidad
sobre la Colina Quirinal; es una bonita y trabajosa
experiencia que no se olvida jamás; dediqué la
tarde a
visitar la Plaza del
Pueblo y los alrededores del Castillo
de Sant Angelo, tras
atravesar el puente, y
pasear luego
en una pequeña
embarcación a lo largo del
Río Tíber
hasta una parada cercana al Vaticano; cenar
unos ricos
espaguetis en un restaurante popular de
una callejuela
vecina, oyendo las discusiones familiares y
cariñosamente
ruidosas sobre la política del momento italiano;
Ya
cansado, finalicé el día tomando un autobús urbano
que me llevó hasta la Plaza del Quirinal donde me
hospedaba en el Hotel Hesperia, y dormí como un tronco
hasta las 10 de la Mañana del día siguiente;